Posteado por: Omar George Carpi | septiembre 23, 2014

La diversidad: el mejor antídoto contra el aburrimiento en nuestros medios


Alguna que otra vez, con más o con menos razón, con peores o mejores intenciones, aquí o acullá, alguien tilda a nuestra prensa de aburrida.
Sin pretender ser rotundo ni generalizar al respecto, pienso que sí, que periodistas y medios pecamos a veces de poco atractivos en nuestras propuestas comunicativas. Y no precisamente por los temas que abordamos ni por la densidad ideológica que le aportamos a ese ejercicio. Tampoco por la grisura de estilo ni por la escasa creatividad de nuestras elaboraciones.
El estigma tiene que ver con algo más sutil pero no menos trascendente, que podría resumirse en cierto empeño por asumir una posición “oficial” ante cada aspecto de la vida que abordemos profesionalmente.
Esa perspectiva monolítica, unilateral, de criterio único sobre lo humano y lo divino, sobre el presente, el pasado y el futuro, que a veces asoma su oreja peluda en nuestros medios, está condenada al fracaso por una sencilla razón: así no es la vida. Y nuestra sociedad tampoco es así.
Al no dar matices, ni aristas, ni diversidad de criterios en el análisis de los problemas planteados; al no examinarlos bajo la posibilidad de otras alternativas para su solución ni arriesgar la propia opinión en el empeño, se está contribuyendo a diluir en nuestros receptores ese antídoto por antonomasia contra el aburrimiento, que es sentirse consultado, tenido en cuenta y en plena libertad de evaluar caminos diferentes para llegar a una meta, que no por compartida tiene que depender de un único modo para alcanzarla.

Este síndrome de la “verdad” absoluta, definitiva y eterna para cualquier hecho o cuestión que se evalúe en un medio, se manifiesta no sólo en la opinión editorial, donde tal actitud podría ser más dispensable. En ocasiones también trasciende a lo que se expone en cualquier género, cuando el periodista se siente obligado a repetir “lo oficial” porque eso está dado como una verdad establecida, sobre la que no hay nada más que decir.
A veces, la “oficialidad” de un asunto ni siquiera está avalada por una política expresa del Partido o por una medida firme del Gobierno. Puede estar contenida en puntos de vista o apreciaciones de los órganos de dirección del país o de sus dirigentes y funcionarios.
Hay muchísimos ámbitos de nuestra sociedad abiertos a discusiones, a debates y a investigaciones. Son muchos los asuntos que preocupan a la gente. Y mientras que sobre algunos de ellos no se adopte una decisión, la diversidad de criterios y la polémica promovidas en nuestros medios por periodistas y públicos, puede ser sana, útil, enriquecedora y hasta aportadora al perfeccionamiento de nuestro proyecto social.
Pero incluso a lo que ya es política se le puede corregir prácticas que no se corresponden con sus fines y que la desvirtúan. Es la manera en que la prensa cumple con uno de sus más importantes cometidos: erigirse en un mecanismo de autocontrol de la sociedad que la sustenta.
Para ser consecuente con ese mandato, no obstante, es necesario superar ese síndrome de la “posición oficial” que a veces se apodera de medios y periodistas y que nos impide ver cómo la diversidad puede y debe encontrar un mayor espacio en nuestra prensa.

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