Posteado por: Omar George Carpi | agosto 17, 2014

Cienfuegos y el Canal de Panamá: las expectativas insatisfechas


Mucho se especuló en una época sobre los efectos que sobre la ciudad de Cienfuegos

Las expectativas que generó en Cienfuegos la inminente apertura del Canal de Panamá tuvieron expresión en la prensa local de la época.

Las expectativas que generó en Cienfuegos la inminente apertura del Canal de Panamá tuvieron expresión en la prensa local de la época.

tendría la apertura del Canal de Panamá, cuyo centenario se conmemoró el pasado 15 de agosto.
La inminente inauguración de ese portento de la ingeniería, que transformó el comercio marítimo mundial, promovió opiniones diversas en cuanto al impacto que tendría, una vez terminada, en la vida económica y social de la urbe.
Muchos de esos criterios quedaron para la historia en una saga de artículos publicados por el periódico local La Correspondencia, quince meses antes de que los océanos Atlántico y Pacífico quedaran comunicados por la parte más estrecha del continente.
Las opiniones iban desde consideraciones que lamentaban la falta de preparación de Cienfuegos para recibir el influjo de la marea comercial que se esperaba generaría el nuevo acontecimiento, hasta quienes con una visión más optimista apelaban a transformaciones todavía posibles en la infraestructura citadina.
Entre estas últimas se abogaba por reparar las maltrechas calles de la ciudad; erigir un nuevo mercado; dragar el puerto, dotarlo de grandes muelles; establecer estaciones carboneras en los cayos de la bahía y construir un dique en el Caletón de Don Bruno, un refugio natural ubicado en la margen occidental de la rada sureña.
Hubo hasta quienes propusieron abrir dos escuelas hispano inglesas para generalizar la enseñanza de idiomas en función de un comercio que se avizoraba próspero, una vez abierta la vía interoceánica.

El Canal de Panamá, considerado una de las maravillas de la ingeniería moderna, transformó el comercio marítimo mundial.

El Canal de Panamá, considerado una de las maravillas de la ingeniería moderna, transformó el comercio marítimo mundial.

En lo que sí todos parecían coincidir era en que nuestra bahía, como ninguna otra en Cuba, reunía las condiciones óptimas para recibir buques de toda clase provenientes del Canal de Panamá, para ejecutar aquí trabajos de reparación y limpieza y proveerse de víveres, carbón y agua. Se daba por descontado que las líneas de buques que desde el istmo se dirigieran al sur del Golfo de México recalarían inevitablemente en la Perla del Sur.
La percepción de que la ciudad podría resultar beneficiada por la apertura de la nueva vía interoceánica se mantenía incólume apenas un año después de aquel suceso. En los primeros meses de 1915, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio de la ciudad recababan del poder legislativo que otorgara a Cienfuegos el estatus de Puerto Libre para el Comercio.
Los promotores de la iniciativa insistían en que era este el puerto de la Isla con mejores condiciones para encarar el reto impuesto al comercio de la época por el Canal de Panamá: contaba con áreas disponibles para el establecimiento de grandes industrias que procesarían la materia prima directamente importada y la convertirían en productos para la exportación o el consumo nacional, en un proceso que abarataría considerablemente los costos y proporcionaría además trabajo a miles de personas en las fábricas que se establecieran aquí en virtud de ese proyecto.
El reclamo era tanto más oportuno cuando el puerto de Jagua comenzaba a perder privilegios que en otra época tuviera, como el servicio directo de vapores entre la ciudad de Cienfuegos y Nueva York, aunque paradójicamente otras señales apuntaban a reforzar la importancia de esta plaza como nudo comercial y comunicacional entre distintas áreas del continente.

-Diecisiete años después de abierta la vía interoceánica, Cienfuegos no acababa de ver los esperados beneficios de tal acontecimiento.

Diecisiete años después de abierta la vía interoceánica, Cienfuegos no acababa de ver los esperados beneficios de tal acontecimiento.

Los partidarios de que Cienfuegos debía promover iniciativas que le permitieran aprovechar el rediseño de las rutas comerciales vía marítima, hicieron un último intento en abril de 1931, cuando instruyeron una propuesta de ley ante la Cámara de Representantes para hacer de este enclave al sur de Cuba una zona de libre comercio.

Los años posteriores se encargaron de apagar definitivamente tal entusiasmo. El puerto se desarrolló, pero no al ritmo impuesto por el incremento del tráfico interoceánico. Y aunque la posición geográfica de Cienfuegos le daba efectivamente ventajas, éstas nunca se aprovecharon a la altura de las expectativas generadas por la apertura del Canal de Panamá.

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