Posteado por: Omar George Carpi | agosto 15, 2014

La expresión periodística de la realidad ¿Cuestión de perspectiva?


Durante mucho tiempo – más de lo prudente – la población cubana ha considerado que los medios de difusión masiva no cumplen con sus funciones reales, al desentenderse de un periodismo de actualidad, identificado con los matices del entorno social en que se desarrolla, y mucho menos, reflejo de esa realidad.
Por largos años, nuestra prensa ha cargado así mismo con la leyenda negra de ser poco dada a la promoción de trabajos periodísticos sobre temas de actualidad nacional que lleven implícito algún tipo de reflexión, valoración, crítica e investigación.

Y que conste que no se trata de apreciaciones que, con todo derecho, pudiera hacer cualquier ciudadano o profesional del sector, a partir de sus propias experiencias.

Lo expuesto son solo algunas de las miles de opiniones que se emitieron durante el proceso de discusión del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución por parte de la ciudadanía, que al cuestionarse la calidad del periodismo cubano, manifestó además su insatisfacción con las pocas diferencias apreciables entre uno y otro medio y la falta de trabajos periodísticos sobre temas de interés.

En aquella ocasión, el consenso popular demandó un periodismo que abarcara todas las esferas de la vida del país, más allá de los actos y eventos que se realizaban a diario y que sólo mostraban los aspectos más formales y asépticos de la sociedad cubana.

Y aunque hoy la ruptura entre realidad cotidiana y expresión periodística sigue suscitado agudos debates en la vida nacional, hay indicios de que el accionar del gremio y de la sociedad ha contribuido a esbozar un panorama diferente al impugnado entonces.
No obstante, algo sigue pendiendo como espada de Damocles sobre el desempeño de algunos colegas. No tiene que ver con el secretismo, ni con la censura ni la autocensura, sino con años de prácticas viciadas que legitimaron cierto “periodismo”, más apegado a la comunicación institucional y a la propaganda, que a un verdadero servicio público.
Sobre esa perspectiva se erigió en no pocos casos una ideología profesional que ha alentado actitudes pusilánimes, acomodamiento, inercia y – lo más peligroso – una degeneración de ese proceso de aprehensión de la realidad que, para un periodista, resulta vital en el desempeño de su tarea.
Se trata de un estigma que ni la mejor formulada, orientada y exigida política informativa va a revertir, porque tiene que ver con la esencia misma de nuestra profesión: cómo asomarnos a la realidad para matizarla a través de la investigación; hacernos nuevas preguntas y plantearnos otros problemas.
Hoy todavía, en el diario quehacer de nuestros medios, podemos constatar cómo sucede más bien lo contrario: algunos periodistas buscan en la realidad ejemplos que le permitan validar una propuesta preconcebida en relación con esa realidad.
Y es aquí donde vuelve a asomar la oreja peluda de aquella caricatura de periodismo: resulta menos comprometedor, embarazoso y conflictivo, confirmar las respuestas previstas que cuestionarlas hasta dejar satisfechas todas las interrogantes. Es lo más cómodo para algunos periodistas, para sus jefes… y qué decir para las fuentes.
No hay ni verdades absolutas ni nadie que pueda monopolizarlas. En la práctica del periodismo existe un precepto, tácito o explícito: a la autenticidad de cualquier asunto solo se llega considerando los diversos puntos de vista que existen sobre él.
Lo anteriormente expuesto parece una verdad de Perogrullo, pero uno constata como todavía se resiente en algún que otro colega, en alguna que otra redacción.
El periodista ordena, escoge, organiza, contextualiza, interpreta un suceso para someterlo a la opinión pública, bajo la estructura formal que mejor se avenga a sus propósitos o al criterio editorial del medio para el que trabaja. Sólo que debe decidir cuál es el principio valido, la interpretación justa, la aplicación correcta de su perspectiva, para poder servir a la gente en la proyección más honesta, constructiva y solidaria del término.
Al margen de las rutinas productivas o las ideologías que puedan sustentarlas, la ética de la información se basa en el ejercicio de la duda metódica: no dar nada por válido ni por legítimo sin haberlo pasado antes por el filtro de la sospecha y de la duda.
Y para lograrlo, no hay más requisitos que los de la rigurosidad de la información, el contraste de las fuentes, el dato concreto, preciso y verificable, pero también los matices que lo contextualizan.
Para mejorar la sociedad, que debe ser la ética esencial de todo periodismo y de todo periodista, hay que hacerse a veces muchas preguntas y agotar todas las respuestas posibles.

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Responses

  1. UN SALUDO CORDIAL DESDE VENEZUELA , ATENTAMENTE, NOEL GUZMAN BOFILL ROJAS….

    Date: Fri, 15 Aug 2014 12:13:32 +0000 To: ngbofill@hotmail.com


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