Posteado por: Omar George Carpi | agosto 24, 2013

El frustrado proyecto de las palmas del Prado


   Si el proyecto de plantar palmas a lo largo del Paseo se hubiera concretado, no sería ésta la imagen actual del Prado de Cienfuegos.


Si el proyecto de plantar palmas a lo largo del Paseo se hubiera concretado, no sería ésta la imagen actual del Prado de Cienfuegos.

¿Se imagina al Paseo del Prado de Cienfuegos en algún momento de su historia flanqueado de palmeras? Aunque el proyecto no prosperó, algunas pequeñas palmas llegaron a plantarse a ambos lados de la avenida, desde la calle de Campomanes  hasta la de Cervantes, a lo largo de los casi dos kilómetros que hacen de ésta la más larga alameda de su tipo en Cuba.
Fue ésta una iniciativa de José Antonio Frías, primer alcalde de Cienfuegos  bajo la primera ocupación norteamericana. La máxima autoridad local se había propuesto varias obras para embellecer la ciudad y entre sus prioridades se hallaba el Paseo de Vives, al que incluso le había cambiado el nombre por el de Avenida de la Independencia.
En honor a la verdad y a la historia, hay que acotar que la idea no era tan original. Otras localidades del área geográfica que compartimos – El Caribe, Centro y Sudamérica – ya contaban con ciudades – como Veracruz, en México – que habían aplicado una similar solución para el ornato de sus avenidas principales.
Pero Frías pretendía convertir al Paseo en un hermoso bulevard, que además de las típicas plantas tropicales dispusiera de contenes de cemento reforzados con bandas de acero en algunos de sus tramos.

 Mediante los recursos del montaje, la foto de época sugiere cómo habrían lucido entonces algunos tramos del Paseo del Prado a partir de la iniciativa de flanquearlo con palmas.

Mediante los recursos del montaje, la foto de época sugiere cómo habrían lucido entonces algunos tramos del Paseo del Prado a partir de la iniciativa de flanquearlo con palmas.

Los sueños de Frías nunca llegaron a concretarse. La brevedad de su mandato y las turbulencias de la época le impidieron ir más allá. Tuvo que afrontar incomprensiones y hasta las chanzas de sus enemigos políticos, que bautizaron a lo poco que pudo implementar de su proyecto como “la avenida de los rayos”, por la propensión de las palmas a atraer las descargas eléctricas de la atmósfera. Menos mal que a sus detractores no se les ocurrió atacarlo además por otro eventual inconveniente de su propuesta: los cocos que podrían caer sin previo aviso sobre los desprevenidos transeúntes.
De manera que  aquella temprana pretensión de modernizar a nuestro hoy Paseo del Prado tuvo que esperar por circunstancias más propicias.

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