Posteado por: Omar George Carpi | julio 22, 2013

Programa de televisión de Cienfuegos debate temas relacionados con el periodismo cubano


Como cada semana, el programa  A Debate, del telecentro Perlavisión de Cienfuegos, trató este último jueves

El panel estuvo integrado por algunos de los participantes en el IX Congreso de la UPEC.

El panel estuvo integrado por algunos de los participantes en el IX Congreso de la UPEC.

uno de los habituales temas de actualidad local y nacional que acostumbra a dirimir en un ejercicio de opinión que pronto cumplirá diez años.
Sólo que esta vez, además del moderador, no había ni un invitado ni un periodista que lo confrontara. Todos eran profesionales de la prensa y el tema que se trajo a colación fue el recién concluido IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, que por cierto, no terminó el pasado domingo 14 de julio, sino que continúa en la calle como lógica repercusión de un debate que atañe a toda la sociedad y no sólo a los periodistas.
Y si fuera de estos no hubo en el set otros especialistas se debió, entre otras razones, a que era imposible reunir en un programa a todos los que tienen que ver con el desempeño de los medios y su impacto en la opinión pública.

Las llamadas telefónicas constituyen el medio habitual con que A Debate  se comunica con sus televidentes.

Las llamadas telefónicas constituyen el medio habitual con que A Debate se comunica con sus televidentes.

Eso sí, fiel a su perfil, no faltó en A Debate el juicio de los televidentes aportado vía telefónica, ni la opinión gráfica que, fiel al proyecto original del programa, incorpora también a la caricatura como recurso de expresión crítica.
El panel estuvo esta vez integrado, además del autor de estas líneas como moderador, por los colegas Alina Rosell Chong, directora del periódico provincial Cinco de Septiembre y delegada al Congreso, y José Jasán Nieves, periodista de la emisora provincial Radio Ciudad del Mar. De este órgano también, Claudia Martínez Bueno tuvo la responsabilidad de atender y tramitar las llamadas de los televidentes.
El punto de partida fue un trabajo periodístico realizado por la televisión local el pasado 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana. Muchas de las opiniones recogidas entonces entre colegas acerca del trabajo de los medios, coincidían con las expresadas por los delegados en las sesiones del IX Congreso de la UPEC.
La continuidad y renovación, a partir de la cada vez más incrementada presencia de jóvenes periodistas  en el sector; la política informativa y su desigual aplicación; la necesidad de un periodismo que tome el pulso al cotidiano acontecer y más cercano al pueblo; el drama de un salario enajenado no sólo del poder adquisitivo sino también de la justa recompensa por lo aportado… en qué medida encontraron reflejo y tratamiento en el cónclave  preocupaciones como éstas y bajo qué análisis se encaminó su tratamiento, fueron las primeras interrogantes hechas a los invitados al programa.
Las respuestas, devenidas en comentarios, permitieron deslindar aquellos temas inamovibles, que han pasado de Congreso a Congreso sin una solución satisfactoria, de otros que parecieran los mismos pero que no lo son, porque se abordan ahora en un momento histórico diferente.
El intercambio derivó entonces hacia un aspecto esencial de la comunicación en general y del periodismo en particular: la credibilidad de lo que informamos. Hubo consenso en el programa, como lo hubo en el Congreso, en que la gente todavía confía en nuestros medios, aunque se erija en todo un reto desechar lo que trate de erosionar esa confianza.
Para José Jasán, uno de los panelistas, no es precisamente la credibilidad lo que se ha perdido sino el interés, porque “nuestra prensa no dice mentiras, pero tampoco dice todo lo que la gente quiere saber.”
El inevitable tópico del secretismo quedó expuesto por los televidentes en sus llamadas al programa, con ejemplos concretos. No faltó la justa felicitación al desempeño de periodistas y medios de la prensa local que, según algunos de los que se comunicaron con A Debate, “ya estaban en sintonía con lo que debe ser el periodismo revolucionario, mucho antes de la celebración del Congreso.”
La plática con los televidentes promovió interesantes enfoques sobre los asuntos planteados. Se dijo, por ejemplo, que el “secretismo” es un fenómeno más bien cultural, consecuencia de una insuficiente gestión comunicacional que no identifica a la información como un patrimonio público, como un deber de quien la suministra y un derecho de quien la recibe.
Un reclamo de otro televidente en el sentido de que la prensa y sus representantes “busquen siempre el latir del pueblo” derivó hacia un intercambio sobre la problemática de los temas que aborda nuestra prensa. Dar prioridad a los que interesan a la población sobre los netamente institucionales, fue otro de los planteamientos.

La opinión gráfica es otro de los recursos utilizados por el programa para buscar multiplicidad de enfoques sobre los temas abordados.

La opinión gráfica es otro de los recursos utilizados por el programa para buscar multiplicidad de enfoques sobre los temas abordados.

“No se puede cumplir la máxima – acotó uno de los panelistas – de que aquellos temas que merezcan la atención de la prensa en Cuba sean los que expresen la mayor lealtad posible al ciudadano, si no se transforman ciertas rutinas productivas e ideologías profesionales.”
Se argumentó que tal propósito pasaría por cambiar la cobertura y el seguimiento a determinados intereses institucionales: todo un reto si coincidimos en que el sistema mediático en Cuba está precisamente montado sobre esos intereses, con demasiada influencia en el diseño de las políticas editoriales de nuestros medios. “Hay que cambiar las agendas mediáticas y en buena medida tal mandato está en el terreno de los periodistas”, se concluyó.
Otros planteamientos con que los televidentes confrontaron al panel asumieron el cariz de una sugerencia, como la de rescatar en el periódico provincial una sección que contribuía a la cultura jurídica de la población, o aquella otra que abogaba por la necesidad de normativas que establezcan  los roles de cada cual en los procesos de construcción mediática de la realidad.
Para complementar algunos puntos de vista de panelistas y televidentes, el programa se apoyó ocasionalmente en fragmentos de la intervención del primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz Canel, en la clausura del IX Congreso de la UPEC.
Ya sin tiempo para responder a las preguntas de los televidentes – habían transcurrido los cuarenta y tres minutos asignados al espacio – aunque sí para al menos exponerlas, hubo una interrogante más. Era la de un ciudadano que se identificó como Rafael Pérez Perdomo, quien razonó que “siendo la prensa uno de los vehículos para impulsar la construcción del socialismo, ¿cómo es posible que a los periodistas se les impida realizar entrevistas en las tiendas recaudadoras de divisas (TRD)?”
Y sin posibilidad de extenderme, en apenas unos segundos disponibles, se me ocurrió una respuesta que sirvió a la vez de despedida: nuestro socialismo se actualiza a pasos firmes y hay conciencia de que a la par, el periodismo y la comunicación deben actualizarse también. Que cada cual cumpla con lo que le toca y que las instancias a las que corresponde hacerlo exijan por ello, es la única garantía de que no haya más afrentas al periodismo ni sociedad que las padezca.

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