Posteado por: Omar George Carpi | agosto 3, 2011

La crónica en televisión: mucho más que palabras


La excelencia de un texto debería situarse siempre por encima de otras consideraciones que lo hagan clasificar como periodístico o literario, si bien hay una intención de estilo que establece diferencias entre ambas categorías.

La función informativa del periodismo prioriza aquellos recursos del lenguaje que le faciliten al receptor una rápida comprensión del mensaje. La literatura cuida más de la forma, y en ocasiones, para entender lo escrito se impone una relectura de la oración, la frase o el párrafo.

Se trata de un lujo que no puede darse ningún ejercicio periodístico, menos aquel que se dirime en un formato audiovisual, donde el lenguaje no sólo depende del texto, sino de otros códigos que se asientan en la imagen, el sonido, la música, la voz y hasta en el silencio, y que al integrarse en un mensaje audiovisual, recaban una mayor atención por parte del destinatario, imposibilitado además de volver sobre lo emitido para verificar algo que se le haya escapado o no haya entendido bien.

Hay sin embargo en el periodismo una manera de asomarse a los acontecimientos que reta los principios de la consición y la sencillez en el decir que deben caracterizar al lenguaje periodístico: la crónica. No en balde se le considera de todos, el género más cercano a la literatura.

Por definición, hablamos de un texto redactado con mayor libertad de estilo, marcado por la impronta personal del autor, que utiliza recursos propios de la literatura para dar cause al relato subjetivo de los hechos.

En el caso de la prensa escrita, tales preceptos se traducen en construcciones tropológicas sugerentes y originales. Ante el desafío de conservar la belleza formal del texto sin menoscabo de sus atributos periodísticos, un buen cronista en ese medio debe tener la habilidad de evocar, con palabras e ideas, imágenes vigorosas que atrapen y emocionen al lector.

Para lograr similares efectos en la televisión, hay que tener en cuenta todos los elementos constitutivos del lenguaje audiovisual. Ninguno de ellos por sí solo va a provocar en el receptor el goce estético que nos depara una buena crónica.

Pero resulta que hay cierta tendencia en el medio a interpretar la crónica como verborrea metafórica, como una sofocada sucesión de frases seudopoéticas. Quienes así interpretan el género, lo empobrecen en un discurso carente del dramatismo y el impacto emocional que pueden proporcionarle un efecto, un acorde o una exclamación oportunamente intercalados . Pierden la ocasión de darle a su trabajo la vitalidad que toda crónica reclama.

Es incluso un error pensar que la voz del locutor o del periodista tiene que oírse en todo momento. En el lenguaje de la televisión, algunos segundos de silencio incluso, dicen a veces mucho más que toda una parrafada.

Cuando en una presunta crónica televisiva se le carga la mano al verbo en detrimento de los demás subcódigos del lenguaje audiovisual, se corre el riesgo de dispersar la atención del televidente. En el intento por desentrañar ese malabarismo del intelecto que todo tropo entraña, el receptor de nuestro mensaje puede perderse en un laberinto retórico.

La experiencia audiovisual ya de por sí somete al televidente a un doble ejercicio mental. Primero, para decodidificar los distintos mensajes que en forma de elementos verbales, sonoros y visuales integran el discurso y después, para integrarlos y darles un sentido único.

Y no se trata por supuesto de prescindir del símil, la hipérbole, la personificación o cualquier otra figura propia del lenguaje figurado en una crónica hecha para la televisión. Es a la racionalidad en su empleo, al uso puntual y requerido de esos recursos a lo que nos estamos refiriendo.

Aunque la intencion de estilo de escritores y periodistas pueda determinar en algunos casos usos diferentes del lenguaje, éste constituye para ambos la herramienta fundamental de trabajo.

Pero los medios difieren en la misma medida en que son otros los requerimientos para la elaboración del lenguaje audiovisual, donde el texto es sólo uno de los elementos estructurantes del discurso. En ese caso, la utilización de los recursos expresivo-literarios dependen del contexto informativo ante el que nos encontremos y del género por el que optemos para interpretarlo.

Ysi ese género es la crónica, se debe ser todavía más cuidadoso.

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