Posteado por: Omar George Carpi | septiembre 26, 2010

Dime cómo gesticulas y te diré quién eres


Toda entrevista en televisión se atiene a una distancia entre interlocutores que clasifica en la llamada “zona personal” y que puede abarcar hasta 1,25 centímetros de separación aproximadamente entre ambos. Es la utilizada en contactos de trabajo y en el intercambio conversacional. Un espacio menor correspondería a personas más allegadas, mientras que uno mayor sería el que asignaríamos a individuos ajenos a nuestro entorno.

De manera que, sin mover un solo miembro o músculo facial, la distancia que establezcamos entre entrevistador y entrevistado determina connotaciones que evidencian la mayor o menor familiaridad con que se asume el diálogo.

Pero en todo coloquio hay además un arsenal de recursos extraverbales que matizan la conversación y a veces utilizamos inconcientemente.

Las manos, por ejemplo, son fundamentales en la comunicación alternativa. Si cuando hablamos mantenemos las palmas hacia arriba y abiertas, trasmitimos sinceridad y honestidad. Hacia abajo, asumiríamos entonces una posición dominante y propensa a la mentira. Igual de imperativa trasciende la mano cerrada y apuntando con un dedo, con el agravante de cierta agresividad en el gesto.

Debemos ser cuidadosos si entrelazamos nuestras dos manos en una posición de escucha o de parlamento, cuando tenemos una mesa por delante y apoyamos los codos en ella. Hay estudios que demuestran una relación entre la altura de las manos cruzadas y la actitud negativa. A mayor altura, mayor negatividad.

Si cruzamos y agarramos nuestras manos por detrás de la espalda, estando de pié, evidenciamos seguridad en nosotros mismo y dominio de la situación. En cambio si son nuestras muñecas lo que cogemos por la parte trasera, mostramos intranquilidad e inseguridad.

No es lo usual en una entrevista televisada, pero puede darse el caso de que un presentador anuncie a alguien que a continuación “entre a cámara”. Cuidado entonces con el apretón de manos de bienvenida. Si las mantenemos verticales, damos al recién llegado un tratamiento de igualdad. Pero si una de ellas se inclinara sobre la otra estaría demostrando dominio, control. La relación contraria revelaría sumisión o recato.

¡Y qué decir de las piernas! Si las cruzamos denotamos un comportamiento defensivo o desconfiado, al igual que si lo hiciéramos con los brazos. Y si estos llegaran a sujetar una de las piernas, manifestaríamos entonces una actitud cerrada y terca, con tendencia al inmovilismo.

Lo que sucede en nuestra cara es un capítulo aparte. Se corre el riesgo de que se interprete como una mentira aquello que decimos con la mano sobre la boca. Similar conclusión podría hacerse sobre alguien que reiteradamente se toque la nariz o se frote los ojos. También se visualiza como falso rascarse el cuello; halarse el cuello de la camisa; apretar los dientes, reirse con la boca muy cerrada y los dientes apretados.

Pero hay en la cara un elemento sumamente expresivo: los ojos. Muy abiertos, denotan sorpresa, admiración, mientras que más cerrados o forzadamente cerrados trasuntan desconfianza, seriedad o desaprobación. Es generalmente aceptado que las personas que miran a los ojos inspiran más confianza y trasmiten más sinceridad que quienes rehúyen la mirada.

Este tema del lenguaje no verbal tiene en la televisión una trascendencia que rebasa el ejercicio de la entrevista como género. Si nos detuviéramos a evaluar la actitud asumida por los miembros de un auditorio en medio de una reunión – evento tan recurrido en cierto tipo de tele periodismo – seríamos más cuidadosos en el trabajo de edición.

Puede que la cámara sorprenda a alguien que repica los dedos sobre una mesa: está inseguro y nervioso. Aburrido, si apoya su barbilla sobre la mano. Aunque si extendiera un dedo sobre la mejilla o la sien, denotaría interés por el tema tratado. Si se acariciara la barbilla o apoyara en ella los dedos pulgar e índice, denotaría pensamiento, evaluación de la situación y toma de decisiones.

Hay además todo un inventario de acciones asociadas a estados de ánimo muy específicos: movimientos rutinarios y constantes como tamborilear con los dedos sobre una superficie; mover las piernas de manera oscilante; comerse las uñas. Todas estas proyecciones gestuales se vinculan a una persona ansiosa.

La manipulación de objetos personales durante una entrevista televisada tiene también sus lecturas.

Morder el extremo de un lápiz o bolígrafo mientras escuchamos, es también síntoma de ansiedad. Si apoyáramos la pata de los espejuelos en la boca, daríamos quizás a entender que estamos considerando o evaluando una determinada propuesta. Una mirada por encima de las gafas, podría mostrarnos a nuestro interlocutor en una actitud de incertidumbre o desconfianza, o tal vez deseosos de un análisis más profundo de la situación planteada.

Acciones no verbales como las descritas pueden ayudar a orientarnos sobre la predisposición anímica de nuestros entrevistados o de quienes participan en algún evento captado por la cámara.

Pero nos alertan también como entrevistadores, para evitar que incurramos en actitudes que puedan comprometer nuestra credibilidad como profesionales de la comunicación durante un episodio dialógico.

No olvidemos que cualquiera de estos indicios, por muy sutiles que sean, tienen una lectura en pantalla y, por supuesto, una evaluación por parte de los televidentes.

Caricaturas cortesia de Douglas Nelson http://lachispadelhumor.blogia.com/



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