Posteado por: Omar George Carpi | agosto 23, 2010

La historia, ¿una especialidad del teleperiodismo?


NapoleónEn las principales áreas de la información periodística especializada, la que aborda temas históricos no es siempre la más afortunada.

Quizás existe una falsa presunción de que cualquiera podría incursionar en esa modalidad sin someterse a los requerimientos de una especialización.

En definitiva – pensarán algunos – ahí están las fuentes vivas o documentales, legitimadas por el tiempo y por las interpretaciones que las clases o tendencias políticas dominantes han hecho de los acontecimientos históricos, sin mucho margen para la rectificación o la visión diferente por parte del periodista.

Puede que también influya la percepción de que la historia – a diferencia de otras áreas de especialización periodística como la cultura, el deporte o la ciencia – ya tiene en el historiador a un profesional cuyos recursos para la investigación y la comunicación podrían equipararse con los de un reportero.

El tiempo es un factor que  compromete a todos los periodistas que buscan en la historia una inspiración para su desempeño profesional. Hace falta además una especial consagración – amén de un método, una disciplina y un espíritu científicos – para acumular horas y horas en centros de documentación o en la localización de testimoniantes que, además de franquearnos una puerta a la consecución de nuestros objetivos, suelen abrirnos muchas más.

La memoria histórica nos acerca a personalidades, desempeños y sucesos indispensables para comprender qué somos y hacia dónde vamos. Actualizarlos, humanizarlos y hacerlos útiles y funcionales en su trascendencia, es la tarea del periodismo de temas históricos.

En la televisión, tal propósito busca satisfacer las exigencias de un público cuya entrenada percepción visual lo capacita para interpretar las imágenes como una forma de compresión del pasado, en una experimentación directa, emocional,  del aspecto y el sentimiento de la historia.

El audiovisual exige en grado sumo cualidades inherentes al estilo periodístico y su aplicación en un medio como el televisivo, tan exigente para sus profesionales: claridad de exposición, síntesis y concisión en el lenguaje, así como el empleo de recursos propios de géneros no informativos que como el docudrama, pueden facilitar la recreación de pasajes y personajes, en una lógica expositiva cercana al documental y de mucha utilidad cuando carecemos de referentes visuales sobre el tema que abordamos.

Es importante evitar el tono grandilocuente, afectadamente emocional, “patriotero” y consignista que puede conspirar contra la objetividad, la contención y el respeto a la inteligencia y a la independencia de criterios del televidente, que  todo periodismo de temas históricos debe defender.

A veces el lenguaje del tele periodismo, incluidos sus recursos expresivos, no se emplean en todas sus potencialidades, quizás por comodidad o por la entronización de cierto espíritu rutinario que nos lleva a dar el mismo tratamiento de realización a los temas más disímiles.

Además de las técnicas propias del docudrama, el periodismo de temas históricos en televisión puede trabajar creativamente las fotos – en las que por razones obvias recae una parte importante de toda información visual de carácter documental – a partir de programas específicos de computación que nos permitan animarlas, recortarlas, matizarlas y asimilarlas a la dinámica del lenguaje televisivo.

El homenaje, las efemérides y el recordatorio de hechos y hazañas son ineludibles para abordar la historia desde las dinámicas del periodismo. El reto consiste en lograr un producto comunicativo ameno, interesante e inteligente, que se pueda integrar a la memoria audiovisual del país.

Todo ejercicio periodístico parte de una historia, en el sentido literal que podemos otorgarle al término. Una historia que nos acerque a la dimensión humana de personajes y acontecimientos, con sus múltiples contradicciones y aristas. LA HISTORIA es la suma de muchas historias personales, plenas de heroísmos y mezquindades, de lealtades y traiciones, de glorias y miserias, como toda manifestación humana. Llegar a esa HISTORIA a través de los muchos y a veces incómodos vasos comunicantes de esas otras historias, constituye un desafío para  todo periodismo que se lo proponga.

Este ejercicio no ha estado lamentablemente exento de ciertas perspectivas reduccionista y maniqueístas también padecidas por la investigación y la docencia, en las que a veces se ha absolutizado el protagonismo de los procesos, de las leyes históricas y de las clases; de los íconos,  en detrimento de visiones más cercanas a la sensibilidad del común de la gente.

Las fuentes testimoniales, por la inobjetable credibilidad que aportan el recuento o enjuiciamiento de la historia en voz e imagen de sus testigos o protagonistas, son las más apropiadas para el tratamiento de la historia desde la perspectiva del periodismo audiovisual. También las gráficas – ya sean fotográficas, fílmicas o en video  –  porque la información visual que aportan constituye “… una forma de compresión del pasado y de experimentación directa del aspecto y el sentimiento de la historia”.

Los géneros interpretativos – crónica, reportaje – permiten que el televidente se forme su propio criterio acerca de lo que exponemos, o estimule su imaginación con las fabulaciones que un buen cronista puede hacer sobre un suceso o un personaje, sin traicionar la veracidad de los hechos. Sin embargo, el periodismo de temas históricos a veces descansa más en el factor informativo – narrativo, que en el valorativo.

Fuera de aquellos proyectos más ambiciosos concretados en programas que, independientemente de su categoría, responden a  requerimientos periodísticos, el día a día está muy determinado por compromisos con las efemérides; la casi obligada comparecencia año tras año de los mismos protagonistas que por lo general vuelven a dar la misma versión y si acaso la misma valoración de los hechos, y los actos conmemorativos, también de   obligada cobertura. Esta última exigencia es parte de la política editorial de los medios, que a veces no buscan opciones más creativas y renovadoras en sus propuestas para el tratamiento de la historia.

Sucede que en ocasiones, los mejores referentes de tal empeño no están en los canales nacionales. Hay muy buenos proyectos en tele emisoras provinciales y municipales, donde la historia de la localidad se asume con rigor, creatividad y alto vuelo estético, en programas de excelente factura periodística.

Potenciar esas experiencias, hacerlas más frecuentes y referenciales, podría ayudar a que la información periodística especializada en temas históricos, ocupe definitivamente al lugar que le corresponde.

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